Pensar que la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura, desde hace 39 años ya señalaba la problemática de la falta de alimentos. ¿Cómo es que hoy lo transformamos a hablar de una buena alimentación, culpando a las personas de tener problemas de salud?
Es interesante ver cómo un discurso, es interpretado, transformado y reenviado de tal manera, que distraiga de la idea primaria. Hace no más de un mes, se criticó a la población que utilizó las redes sociales por desinformar, cuando desde los altos mandos se hace y con mucho más recursos y de manera ineficiente porque ha sido un esfuerzo de años para lograr que pensemos como ellos quieren que lo hagamos.
¿Será que no toleran que otros logren deshacer en minutos lo que les ha costado años con el mismo plan pero con procesos diferentes? No lo sé, pero cuando leo que el objetivo era denunciar el hambre del mundo y hoy veo felicitaciones a los nutriólogos o especialistas en alimentación, quisiera gritar a los cuatro vientos hasta el cansancio para sentir menos frustración.
Los profesionales en alimentación, pocas veces, les he escuchado tomar una postura crítica que permitan a sus pacientes ver la problemática social y la importancia de excluir los alimentos procesados y fomentar el consumo de productos locales, especialmente de mercados y la no asistencia de centros comerciales o negocios donde se vendan productos con conservadores y aditivos químicos modificados que provocan enfermedades crónica degenerativas o la muerte en corto plazo.
Después de la segunda guerra mundial, al comprobarse que los productos enlatados son ideales en caso de una emergencia nuclear, de repente estas empresas comenzaron a buscar la forma de no sólo producirlos en épocas de emergencia, sino se han convertido en productos de consumo rutinario. Antes, los productos que eran de temporada, hoy lo encontramos todo el año, y muchos que eran consumidos frescos o añejos, hoy esos productos tienen una caducidad, que es referencia a tal grado de tirar productos por no consumirse un día después de la fecha límite o terminarse los productos la fecha límite de caducidad, como si un día, una hora, un minuto, un segundo, fuera la diferencia.
Vivimos en una realidad virtual que creemos es palpable, y la realidad virtual nos muestra la realidad palpable y no pasamos de un like, compartir, retwittear o como en mi caso, de reflexionar sobre ello. ¿Cuándo hemos olvidado el significado de ésta fecha? ¿A caso hemos ignorado que en México la mitad del país está en pobreza extrema? ¿No vemos la desaparición de negocios pequeños por las tiendas que venden productos que nos hacen daño? ¿Los mercados o centrales de abasto desaparecerán por nuestra ignorancia?
Aun hay generaciones que basan su consumo en tianguis, mercados, o pequeños negocios en la actualidad, pero la formalización de las finanzas está provocando que estos sitios tradicionales, estén a nada de su extinción. Los productos más sanos son aquellos que salen directamente del productor, pero se empeñan los gobiernos a obligar a los productores a vender a intermediarios. Con el tiempo, esos intermediarios van formando un gran monopolio que, como monstruo, añade a los productores los cuales tienen que acceder al crédito para subsistir o enfrentarse a un sistema que dará la razón siempre al más fuerte, y la impunidad se presenta, de manera invisible porque esa postura cambia cuando el procedimiento es legal.
Ésto hace que los alimentos se concentren sólo en unos cuántos, y esos cuántos son aquellos que tienen con qué pagar. Cuando no hay con qué pagar, esos sitios simplemente se irán. Dejando a su paso pobreza, hambre, incertidumbre, desigualdad, violencia. Entonces esas empresas que se comprometieron a surtir a la población de productos alimentarios, comenzarán a desaparecer cuando los tierras enfermen, los ríos se sequen, los árboles se terminen, las empresas contaminen lo poco que quede.
¿Estoy exagerando? ¿Suena a ficción? Quizá, pero si en 40 años la pobreza ha sido peor y veo que los productores de alimentos procesados tienen cada vez más dinero, más poder, por lógica, algo anda mal y no hay necesidad de ir contra las empresas con pancartas o protestas, hay cosas más simples: dejar de consumir allí, y regresar a los mercados, a los productores directos, a las personas valientes que aun apuestan en vendernos productos frescos, de temporada y sin aditivos químicos que están produciendo enfermedades, por ejemplo, el Cáncer, a pesar de las presiones de grandes, gigantes empresas.
Deberíamos hablar de estos temas en este día internacional de la alimentación y no de la pirámide o círculo o forma poliangular con el que se represente el buen comer. Si nos felicitamos por criticar a los que consumen productos baratos y dañinos, y no cuestionamos cómo pasó, vivamos las consecuencias, porque para cuando nos demos cuenta, será demasiado tarde. Los que lo viven en la actualidad, son aquellos que han sido ignorados históricamente, y aquellos que por desastres naturales, son ignorados aun siendo pertenecientes a países de primer mundo.
Es lo que pienso... ¿Tú qué piensas?
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