El hablar del tiempo, es casi imposible ignorar el pasado, porque es aquello que hemos vivido, que nos ha sucedido, que nos ha pasado, que nos ha dado experiencia, pero no necesariamente es garantía de ser más experimentados.
Es imposible no cometer los mismos errores, porque de hacerlo seríamos expertos en el problema, y tenderíamos a repetir el mismo problema porque es el único camino que se conoce para resolverlo. A veces nos dedicamos a resolver un problema con una acción que nos provoca otro, aparentemente menor, el cual no resolvemos, y resulta ser "mucho más caro el caldo que las albóndigas".
Es interesante ver que caemos en el confort y comodidad con bastante facilidad. A veces el predecir o saber lo que va a suceder en el futuro gracias a la probabilidad que te da la experiencia, puede ser más contraproducente. No es que esté en contra de la experiencia y el saber, los dos ejes que conforma, desde mi muy particular punto de vista, el comportamiento humano, sin embargo a veces pasamos de ser previsores a prejuiciosos con más facilidad.
¿Qué podemos ganar o perder con la experiencia? ¿Es inevitable perder la capacidad de asombro? ¿Será igual sorprenderse que deslumbrarse? Muchos confundimos estas dos palabras. Muchos dejan deslumbrarse por lo que ven, escuchan o sienten y creen que es algo asombroso, sin embargo creo que hay una gran diferencia. El primero sólo es momentáneo, en un instante, fugaz, efímero. El sorprenderse es un conjunto de admiración, de conocimiento previo, de sorpresa ante el cambio de algo que no se esperaba por aquello conocido.
Esta es mi forma de ver cada uno de estos conceptos y muchos puede que no estén de acuerdo, pero es lo que he concluido tras un rato de reflexión sobre lo que me ha pasado en los últimos meses. ¿Cómo puedo sustentar la diferencia? Que cuando me he deslumbrado, tiendo a verlo de forma positiva, con agrado; las ocasiones en que me he sorprendido, no siempre es con agrado, a veces puede ser algo totalmente desagradable. Aquí es donde las expectativas entran en juego.
No todo lo que brilla, sorprende.