Mi chaparrita me ha dicho que tenga cuidado. La verdad no la entendía hasta que me pasó algo, algo que me cambió la vida: Un asalto.
Si te preguntara alguien, por ejemplo yo, ahora, en este momento: ¿Te han asaltado? Quizá haya personas como yo que le cueste trabajo o haya personas como la que me encontré en el camión.
Un día, sin darme cuenta, a mi lado una mujer. Tenía como veinte años. Iba llorando y al parecer nadie se había dado cuenta, yo no me había dado cuenta. De repente estornudó.
- Salud.
- Gracias.
Así que aprovechando le pregunté:
- ¿Te encuentras bien?
- No. Lo que pasa es que me acaban de asaltar en un taxi.
Cuando la escuché, sentí una frío desde mi cabeza hasta mis pies. Ella me dijo casi llorando.
- ¡No se vale! ¡No se vale!
- Es difícil. Los que hemos pasado por ello lo sabemos. ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo?
No dijo nada. Simplemente pidió la parada. Lo único que me dijo fue:
- ¡Gracias!
Y se fue.
No lo digo al aire. Como saben sólo fui a la secundaria, pero quienes hemos pasado por esto sabemos que al principio es difícil, hasta que lo vi normal. Cuando se ve normal, aunque para muchos pueda ser un paso más hacia la tranquilidad, creo que es un paso hacia la indiferencia.
Espero, de verdad, si lees este cuento, que más que cuento es una reflexión, de verdad, si tienes la necesidad de cometer un delito, el que sea, en donde estés, desde el puesto más alto en una organización o hasta la pobreza extrema, no la pienses, sino siente lo que probablemente pueda sentir la persona a la que violentes. Y si lo haces porque lo has vivido, de verdad te digo, no vale la pena compartir ese sentimiento a los demás. Y si lo haces, espero que tu víctima, no lo repita.
Mi chaparrita me está llamando. No sé qué haría sin ella. Le digo chaparrita, pero es lo más grande que la vida me ha dado después de... bueno... algún día se los contaré.