26 de julio de 2017

Impaciencia

Tengo unos años escuchando Jazz y al principio hice un grupo donde se pudiera hablar del género. El plan era, y es, leer lo que otros digan sobre Jazz, en principio porque no sabía nada, ¡Lo que se dice nada, nada sobre Jazz!

¡Somos ya varios! Encuentra la comunidad en Google+ como "Hablemos de Jazz" y lo que tengo que decir es que no hay muchos que comenten sobre Jazz mas que uno que publica muy buena información sobre un proyecto llamado Stereo Jazz Noticias y un programa de Jazz llamado "La trampa del Tigre".

El día de ayer, según la notificación por correo electrónico que me llega de Google+, alguien quería ingresar al grupo. Pero cuando vi el mensaje y entrar a aprobar su ingreso, ya no existía la solicitud. Sí, ¡Ya había retirado la solicitud!

Entonces me pregunté ¿Por qué tanta impaciencia? Para los que nos tocó vivir en alguna época donde no existía el internet, teníamos que desarrollar esto que casi no observo: La paciencia.

¿Por qué la estamos desarrollando cada vez menos? ¿Tendremos que adaptarnos al ritmo del internet? ¿Será que el mundo se acelera y yo estoy en otro tiempo y espacio distinto?

Antes no tenía un teléfono para estar al pendiente de la llegada de alguien, antes nos poníamos de acuerdo en persona, es decir, teníamos que ir a la casa de él o ella y tocar y preguntar si se encontraba quien queríamos ver, y si no la encontrabas, se intentaba de nuevo hasta que te enterabas que tenía teléfono. Ibas a pedir el teléfono con el riesgo de que no te lo dieran. Si te lo daban, buscar un teléfono público de monedas o tarjeta de pre-pago, esperar que no estuviera ocupado, esperar que hubiera señal, esperar que el teléfono funcionara, esperar que no se "tragara" la moneda o se "comiera" el crédito de la tarjeta pre pago, esperar a que estuviera en su casa, esperar a que no contestara otra persona que por joder dijera que no estaba por quien preguntábamos, esperar que no sea el suegro quien conteste y uno termine hablando con él para esperar así ganarse su confianza y fuera nuestro aliado al momento de declararle lo que sentimos a su hija o hijo, invitarla al cine, quedar de acuerdo, llegar al cine y ver que pasan minutos, que ya se pasó la hora de la película, que nunca verán porque no llegó y no tuvo cómo avisarnos que el novio se quedó en casa mientras uno decidía ir a otra parte o regresar y buscar, con paciencia, a otra persona y reiniciar todo lo que acabo de escribir.

Hoy, te pones de acuerdo por teléfono móvil en alguna aplicación de red social, te pones de acuerdo, no llega y aun así todavía le mandas mensajito de que ya no podías esperar, el cual, nunca verá y cuando te das cuenta te molestas, reclamas y nunca responderá. Pero al no tener paciencia, te molestas, sigues reclamando y... bueno, para qué le sigo ¿Verdad? Nota: Si lo anterior se parece a la historia de algún conocido, es pura coincidencia.

La impaciencia es el mal invisible de nuestros tiempos, eso que alimenta el estrés, eso que nos enferma, eso que nos hace perder la paciencia.

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