21 de julio de 2017

¿Hay que festejar? ¡Queremos pastel!

Se que ya es tarde, pero quedan algunos minutos para mandar a saludar al Presidente de la República, nuestro primer empleado en fila y que seguramente no me invitará al pastel. Bueno, sé que nadie del Gobierno de la República leerá esta entrada ¡Verdad! Pero no pierdo nada en mandarle saludos y cómo no, decirle que festejamos todos un años más donde, bajo su administración, y no sólo él, sino desde 1988 cuando el comenzó a imponerse el Neoliberalismo en México, que a sus 51 años, por cierto, 20 más que yo, sigue el juego desde entonces para desarrollar al país.

Sí, hay que festejar que mucho de los servicios se han privatizado. Mucho de los derechos no tienen certidumbre jurídica porque son tan ambiguas que, sólo, el que tiene más dinero, puede mandar a hacer lo necesario para que quienes tienen la necesidad, sean inculpados. Hay que festejar que el pastel se queda en poco y cada vez menos. Hay que festejar que las cosas que eran invisibles sean hoy tan presentes que, en principio dio miedo y ahora terror, pero, que seguramente era con toda la intensión de enseñarnos a prepararnos para lo peor.

Me pregunto ¿Viene lo peor? Es pero, que no, y menos en esta semana de festejo, de felicitaciones, de estar de buenas, mientras que en muchas familias no hay para comer, no hay para salvar la vida, no hay para educar, no hay para trabajar, no hay para pensar porque el cansancio es tan aterrador que espanta al sueño, ese que es reparador, pero al ser inexistente, no repara nada. Mientras la investigación es casi nula, y lo rescatable emigra a otros países. Mientras se piensa en hacer trabajar a los maestros más tiempo para que los papás trabajen más, para que se produzca más y se cobre impuesto, se venda más y se cobre impuesto, y a parte cobren impuesto por el sudor de una gran cantidad de personas que, lo menos que se merecen una rebanada de pastel pero al parecer, ni porque somos los que le pusimos huevos a esa "torta" dirían, los españoles, bueno, ni modo, como buenos jefes, no nos toca festejar con el empleado, digo, para no perder la categoría.

Todos queremos pastel, a pesar de que sean sólo las migajas que caigan de la mesa. Todos queremos pastel, y nos la quitamos entre los que hicimos esa mezcla. Todos queremos pastel y sólo unos cuántos son los que estuvieron sentados en la mesa, esa mesa que, sus patas, eso que la sostienen, son todos los empleados del gobierno que, por seguir trabajando, tampoco les toca pastel. Menos las sillas, esas otras instituciones les tocará pasteles más que al que cargan, ese que dice no pasa nada, sabiendo que la cosa está cada vez más pesada.

Así festejamos estos 51 años de nuestro presidente. He de aclara que no he dicho nombres, ni país, ni nada. Las fechas pueden coincidir, pero eso les toca investigar a ustedes. No vayan a creer que es de donde vengo, porque si es de allí, todo está bien, muy bien, porque recordemos, que la crisis está sólo en nuestras mentes, porque la realidad es muy distinta. Insisto, no sé de dónde estoy hablando, pero investiguen; no vaya a ser que lo que cuento sea sólo una pesadilla, si es así, quítenme al muerto, o muertos, que se me echaron encima, que ya quiero despertar.

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