23 de diciembre de 2017

Story Time 5

El 2008, como lo escribí la última vez, no recuerdo muchas cosas, por lo que el día de ayer no escribí nada. Entonces saltaremos al año 2009, sólo, para que no quede vacío el 2008, mencionaré que de nuevo hice el examen de admisión para la Universidad, casualmente fue en el mismo lugar, en la Facultad de Contabilidad de la BUAP y en esa ocasión aguanté hacer el examen como cualquier aspirante. Sí, me sentí mal, pero coincidió mi ataque de pánico en el descanso. Lamentablemente no pude entrar pero de nueva cuenta no reprobé, el cupo fue el que no me dejó ingresar.

En ese 2008 después de ese examen, me decidí a salir, por lo que al final de año, comenzamos a ir al centro y entre esas salidas, me encontré a una maestra Psicóloga Venezolana Tere Fiore, a quien por cierto, interrumpí su plática con una persona, espero no se haya molestado, y ese mismo día fuimos mi madre y yo a la facultad de Psicología de la BUAP para buscar ayuda. Así que en esa búsqueda en una de las entradas, al querer entrar, nos encontramos con un maestro y por alguna razón se me quedó viendo y me preguntó si estaba bien, le dije que estaba buscando ayuda. Me dijo: Espérame, voy por un papelito para que consigas esa ayuda. Entonces regresó al edificio y al salir me entregó un papelito que decía CECLIPSI. Me dijo: "Llama mano, pregunta si hay cita. Estamos por entrar a vacaciones pero no pierdes nada por preguntar". Recuerdo que le dije que no podía llamar, que no podía salir de casa, si era posible ir de una vez a sacar cita sería mucho mejor, entonces me dijo: "Tu caso está difícil entonces, ven, vamos de una vez". Entonces fuimos a la entrada Principal de la Facultad de Psicología, también conocido como "Sanje" porque el edificio lleva por nombre "San Jerónimo". Entramos, nos dirijimos a una puerta y el maestro les dijo: "Denle una cita es urgente. ¿Se podrá?" Recuerdo que le respondieron: Que pase. El maestro me dijo: "Estás en buenas manos, espero sea la ayuda que estabas buscando, nos vemos mano". Y se fue. Aun no les diré su nombre, pero haré referencia de él pronto.

En ese lugar me pidieron mis datos. Me dijeron que por el momento no podían dar citas porque estaban por salir de vacaciones de fin de año, pero en cuanto haya una persona para atenderme, me llamarían. Así fue, a mediados de diciembre llamaron, pero creo no contesté. En enero ya del 2009 me llamaron de nuevo y me dijeron que si aun estaba interesado en asistir a sesión Psicológica, les dije que sí y me dieron cita para los sábados a las 9 de la mañana.

La primera cita fue para hacer una entrevista inicial, tomar datos y saber si estaba dispuesto a trabajar. Aun recuerdo que si yo daba mi palabra, lo haría; aun recuerdo que dije que en ese momento, mi palabra era lo único valioso que me quedaba. Y así fue. 

El proceso no fue fácil, de inicio,  tener que salir cada semana al centro para ir a la sesión, para mí fue muy difícil. Después con lo trabajado en las sesiones, cosa que no compartiré del todo, pero me puse muy agresivo a consecuencia de las frustraciones acumuladas o no sé, pero muchas cosas salieron en ese trabajo donde lloré, grité, golpeé, en fin, muchas acciones para sacar lo que tenía, y sobre todo, lo que sentía, tenía nombre: Ansiedad.

Fueron varias sesiones. Me sentía peor he de decir, pero tenía un objetivo: Pasar el examen a la universidad en un tercer intento. Recuerdo que el trato era entrar o buscar un trabajo con el objetivo de seguir fuera de mi casa, y no hacerlo sólo en cada sesión, sino de manera constante, cotidiana. Recuerdo que mi terapeuta me advirtió que el regresar a la Escuela no sería fácil, porque habría muchas personas, no sabemos cuál sería el trato de ellos hacia mí cuando se dieran cuenta de mi condición o ante mis reacciones, a lo que respondí: No importa, yo quiero estar allí, y si no, lo intentaré de nuevo, pero mientras estaré afuera lo más que pueda.

Como nota, ese fue el tema final, porque al principio mi objetivo era entrar o morir, con el tiempo fui más flexible en mis objetivos.

Antes de terminar las sesiones ya había hecho el preregistro y registro a derecho a examen y coincidió la última sesión a una semana exacta antes del examen. Le comenté que creí me tocaría por tercera vez ir a hacer examen en la Facultad de Contabilidad, pero ahora me tocó en la Facultad de Medicina de la BUAP. Eso me ponía muy nervioso porque no era un lugar familiar. Un reto más qué enfrentar.

Llegó el día del examen. No quise ir en taxi como las veces anteriores, pero lo hicimos para tratar de mantenerme tranquilo por más tiempo. Al llegar ya había una fila. Me formé y traté de aplicar todo lo aprendido. Aun así llegué tarde y cuando llegué al salón la maestra me dijo que ya no había lugares más que el que se encuentra en un rincón tras la puerta de entrada. Pienso que eso fue clave, porque lo convertí en mi pequeño fuerte donde no veía a nadie de mis compañeros. Terminé el primer examen, hubo un tiempo para almorzar que se me hizo eterno. Hicimos la segunda parte del examen que recuerdo ser uno de los que terminó rápido y pedí irme, me dijeron que revisara bien mis datos, salí y tomamos un taxi.

Sabía que había contestado bien, pero tras dos rechazos, era una posibilidad, pero sé que no me dolería tanto como el de dos años antes. Por cierto, el taxista tomó el Boulevard de la 11 Norte-Sur casi con esquina de la Reforma, hay una escuela de computación, pero junto estaba un establecimiento de "maquinitas". Maquinitas en ese entonces eran videojuegos. Recuerdo que al estar en el alto, un chavo salió de manera muy descompuesta en su caminar, se aferraba a los objetos que le quedaban cerca para no caer, pero al salir del lugar y no encontrar nada, cayó. Al parecer tenía una crisis epiléptica. Eso me hizo pensar muchas cosas en el camino, pero la más importante fue: Mucha gente se le acercó. Así que pensé que si tenía una crisis en la calle, alguien me auxiliaría.

Pasaron las semanas y seguí saliendo de casa. Recuerdo que ya caminaba diario como una hora y media, porque sabía que, independientemente de los resultados del examen, no quería seguir encerrado en casa.

Llegó el día, recuerdo que ya había resultados en línea. Por cierto, creo era el segundo o tercer año con esa modalidad. Mi hermano en las dos primeras ocasiones revisaba por internet, no me decía nada, pero al ver los resultados, pues menos. En esta ocasión, ya teníamos internet y recuerdo que estuve al pendiente en la madrugada porque los publicaban en el primer segundo de la fecha asignada. No pude entrar a la página, así que decidí ir a dormir y esperar. Al despertar entré a la página, y me observé, avisé a mi mamá para que viera la lista, lo corroboró y me dio un abrazo. Me dijo que si me sentía feliz, le dije que sí, pero me preocupaba más el cómo le haría para llegar a la facultad, y cómo le haría para quedarme en el salón por tantas horas. Tuve un horario de 7 de la mañana a las 3 de la tarde. Me dijo: "Querías estar adentro. ¿No? A ver cómo le haces, pero lo tienes que hacer. ¿Eso querías no? Pues ya está, lo demás te toca a ti".

Llegó la fecha de inicio de clases. Aun recuerdo que, como si fuera el kinder, mi mamá y mi hermana me fueron a dejar frente a la facu. El 23 de agosto de 2009 comenzaría la historia. Era una sensación rara, porque ya conocía muy bien la escuela, por lo menos en su patio principal, pero también conocía los consultorios, así que era como estar en casa. Incluso, cuando me preguntaban: ¿Cuánto tiempo tienes en la facultad? Yo respondía: Desde enero del 2009.

Al buscar mi salón, me di cuenta que sería en la planta alta. En ese momento no podía estar en lugares altos. Así que al subir las escaleras que, aun me costaba trabajo y subía con muchas dudas, al ver que tenía que cruzar de esquina a esquina, casi casi me colapsó. Creo que subí y bajé las escaleras en tres ocasiones, hasta que vi que más y más personas llegaban. Corrí al salón y como no aguantaba estar entre tanta gente, tomé una de las silla junto a la puerta del salón con dos objetivos: 1) Si me sentía mal, salir sin que nadie se diera cuenta y 2) Si salía, entrara sin ningún problema, sin llamar la atención.

Pasaron las dos primeras semanas y era una pesadilla constante. No encontraba a mi terapeuta por más que la buscaba. Pero esas búsquedas me hacían dar vueltas por la facultad. Recuerdo que, cosa rara, ningún maestro faltaba, lo que me ayudaba porque no tenía que socializar, no porque no quisiera, sino por estar en altura y entre tanta gente, la garganta se me secaba por la ansiedad y tenía que huir.

En esos días, en la clase de Desarrollo de Habilidades del Pensamiento Complejo (DHPC) puso la maestra una actividad donde teníamos que hacer grupo de acuerdo a nuestras coincidencias. Una de ellas, o la que más recuerdo, era la reunión de acuerdo a nuestro signo zodiacal. En ese momento estaba a punto de entrar en crisis, porque era obligatorio andar por todo el salón, entre mucha gente, sin la posibilidad de huir cuando quisiera. Así que se me ocurrió decir: "¡Bipolares, quienes son bipolares!" Y noté que muchos reían. Entonces comencé a burlarme de mis defectos, burlarme de mis miedos, de muchas cosas de mí, y esas risas en lugar de molestarme, me hacían reir y eso ayudó mucho para burlarme de mis problemas y poco a poco me ayudó a socializar más.

Así llegamos al mes de septiembre, específicamente a la mitad del mes, fecha que coincide con la feria de Cholula, un lugar fuera de Puebla que visitaba durante mi adolescencia en la Preparatoria cuando me sentía triste. En ese momento los compañeros, que por cierto, ibamos a varios lugares como si fuéramos muéganos, dijeron: ¡Vamos a Cholula! Por casualidad, me encontré a mi terapeuta en la entrada de la Facultad. Le dije: "¡Vamos a ir a Cholula! ¿Podré?" y me dijo: "Ve, tú puedes, disfrútalo". Y se despidió. Por cierto, ese día la vi muy rara.

Yo me quedé con mucho terror. Les iba a decir que no, les decía que no, pero una compañera, en ese momento compañera pero en la actualidad es una de las personas que más aprecio en el mundo, me tomó del brazo y nos fuimos a donde estaba la camioneta de uno de nuestros compañeros que ofreció llevarnos. Al llegar, me estaba arrepintiendo, pero la compañero que llevaba del brazo me dijo: "Vamos compañero, acompáñame" y me subí. De verdad, no sabía por qué estaba allí. Después lo supe, pero el terror era más que otros sentimientos, que otras emociones.

No recuerdo cómo llegamos a Cholula, pero en el trayecto me sentía mal. La compañera me preguntaba si estaba bien. Sólo movía la cabeza y veía hacia el vidreo. Cuando llegamos a la Paz, comencé a platicarles lo que me pasaba. Sólo daban expresiones de asombro. Me dijeron que me apoyarían en cualquier momento, que no me preocupara, no estaba solo. Y sí, durante nuestra visita me preguntaban seguido si estaba bien. La compañera y yo, creo, en ese momento se estaba iniciando nuestra amistad que, a pesar de varios incidentes, seguimos teniendo.

Llegó el momento de regresar a Puebla. No pude subirme a la camioneta, así que tuve que subirme en la parte posterior. Al subir casi caía por el miedo. Aun no puedo explicar cómo aguanté cuando tomó la recta y aceleraron tanto que creí me saldría de la camioneta. Pero cuando llegamos a Puebla y caminamos hacia al centro y quedé sólo para ir hacia la parada de mi transporte público, en ese trayecto, con miedo y todo, supe que podía hacer muchas cosas.

Para ese momento ya iba sólo a la escuela. Omití esa experiencia, pero recuerdo que mi papá me llevó a tomar el transporte. Me dijo que me llevaría a la Facultad, pero se supone que él entraba a las 7 de la mañana a trabajar. Recuerdo que le hizo la parada, me subí y se despidió. Eso fue clave porque me di cuenta que podía estar solo.

En fin, ese cuatrimestre casi no hablaba con nadie. Así como era la hora de salida, salía casi corriendo para mi casa. Pero a finales de noviembre, todo comenzó a cambiar. Por lo que ya aguantaba estar en otros sitios del salón, en otras partes de la Facultad.

Por allí se me pasó hablarles de una visita a Ciudad Universitaria en la bienvenida a los que éramos de nuevo ingreso. Me sentí muy mal en el trayecto, pero llegué, y de regreso un amigo nos trajo al centro y me dejó cerca de mi casa desde donde caminé.Sin darme cuenta, estaba superando miedos y conquistando distancia.

Al final del primer cuatrimestre, con calificaciones aprobatorias y con éxito porque las crisis eran muy pequeñas, recuerdo que la compañera que me animó a ir a Cholula y yo, nos pusimos de acuerdo para meter las mismas materias para el siguiente. Eso sería un error, pero lo comentaré el día de mañana cuando les hable del 2010.

También, en esos momentos, comenzaba a hablar seguido por teléfono a quien hoy considero mi hermana hasta el día de hoy. Como verán, los lazos comenzaban a crearse, eso me decía que la Licenciatura podría ser una realidad.

Como hasta ahora, no pondré etiquetas para que esta historia quede invisible en internet, pero quede como recordatorio de lo que hecho en estos años, para comenzar el 2018 con ánimo de seguir escribiendo y compartiendo mi historia.

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