3 de agosto de 2014

Los efectos de una mentira

La mentira es cien por cierto intencional. Sí, así de fuerte comienzo y lo repito: La mentira es cien por ciento intencional.

Con lo anterior, esta entrada se hubiera llamado: "La mentira es cien por ciento intencional", pero de hacerlo caería en una mentira y esa no es mi intención. Sin embargo, lo que sí es mi intensión es reflexionar esto de la mentira sin tratar de persuadir o convencer a nadie como en todas mis entradas en blogger.

¿Será cierto lo que escribí? ¿Quién dice que es o no cierto? Mejor dicho ¿Quién dice si lo que escribí es mentira? Como lo escribí al principio, la mentira tiene intensión, y la única persona que tiene la facultad para saber si lo que se va a hacer es mentira o no, es quien está a punto de llevarla a cabo. Inclusive cuando quien miente, es uno a sí mismo.

A veces me he sentido traicionado por la persona que tengo frente a mí, sin embargo, quien se creía todo lo que esa persona me decía o hacía, era yo, por lo tanto la mentira, el engaño a pesar de la percepción que tenía la cuál me indicaba que no era cierto lo que pasaba, con tal de mantener lo que se había "logrado" provoca cuestionar la percepción y manipular las ideas para que cuadre con lo que queremos creer, hacer, sentir.

No por ello he dejado de echarle la culpa al otro, eso es muy complejo, pero sí he cuestionado lo que cuestioné en una primera impresión para saber si me engaño y de serlo y me conviene, saber que si las cosas no resultan en el futuro como creí que sucedería gracias a esa mentira, no esté echando culpa a medio mundo cuando yo fui quien decidió seguir las implícitas reglas del juego.

"Tu me engañaste a base de mentiras... señalando al de enfrente... ese que se encontraba en mi espejo"


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