10 de agosto de 2014

1 Cuento en el Camión: Tiempo

El viajar en un camión me produce una sensación de viajar en el tiempo. ¡Sí! ¡Un viaje en el tiempo! Porque es sorprendente subirte a una máquina como esta, y estar en otro lugar en menos de lo que lo hubieras hecho a pie.

Independientemente de ello, me fue más extraño escuchar a dos personas hablando de todo y nada, hasta que comenzaron a hablar de este tema: El tiempo.

Iba en un camión, sentado tras de ellos, nada en especial, todos los días voy sentado tras de una, dos o los que quepan en un asiento en este camión. Sobre todo cuando va lleno, he visto sentados hasta cinco en un mismo asiento.

De repente él, una persona muy seria, que venía cargando una bolsa, bolsa que al parecer traía una caja de zapatos, comenzó a decir:

- Sabes - le decía a una mujer que lo acompañaba - es extraño a vec
es creer que un autobús sea un medio de transporte para muchas personas, y esas personas estén en éste lugar, coincidiendo en tiempo y espacio y que no lo sepan, sepamos.
- ¿Saber qué?
- Que... que... ya no recuerdo qué estaba diciendo.

Eso decía el pobre hombre, denotando una gran falta de memoria. Sin embargo siguió comentando:

- Estos camiones hacen mucho ruido. Eso quiere decir que tarde que temprano se van a descomponer.
- Por mi casa no hacen así los camiones. En realidad no son tan grandes como aquí.

Me parece que el sujeto le preguntó a ella de dónde era, le respondió, pero no logré escuchar qué dijo porque en ese momento, la persona que iba sentada junto a mí me pidió de favor le cediera el paso para bajar. Continuaron platicando de varias cosas hasta que llegamos al centro. Tras un rato de silencio él dijo:

- Ya recordé de qué te estaba platicando hace rato. Imagínate que este camión fuera una máquina del tiempo. Lo que he leído y escuchado es que nosotros podemos controlar el tiempo pero no estamos conscientes de ello.

No le entendí nada, pero es lo que recuerdo que dijo. A parte la música de los puestos ambulantes, señal de estar en el ambiente de la "Merced" como se le conoce a esta parte del Centro, no me dejaba escuchar.

Ella, con un poco de sueño, le escuchaba. Él, en su propio mundo continuaba.
- Si utilizáramos el tiempo en un camión para hacer algo, lo que sea: escribir un pensamiento, reflexionar sobre lo que estamos viviendo, enseñar al de junto o al de atrás o enfrente lo que aprendimos, en fin, conocer a la otra persona, extraña o conocida, quizá se rompería la monotonía, se conocerían las necesidades de la otra persona, quizá descubriría cosas propias, pero no, nos hemos acostumbrados a esperar, esperar a llegar a nuestro destino, sin hacer nada en el trayecto.
- Estás generalizando.
- Cierto, bueno, algunos he visto que lo hacemos. Y cuando vemos que hay personas que interactúan, algo pasa, por ejemplo, a mí me invita a evocar a alguna persona que me gustaría estuviera allí para decirle lo que en ese momento pasa por mi cabeza. Se ha roto el trance que vivimos todos los días. El escandaloso silencio entre el tenue ruido de los carros, la música, los vendedores, mis pensamientos.

De repente se quedaron callados. No había palabras. Por un instante me quedé pensando en la nada, hasta que noté que tenía que bajarme de ese camión.

Ya nos supe en qué terminó la plática. Lo que recuerdo, más menos, es lo que te acabo de compartir. No sé si eso que dijo él, sea útil. Lo que sí es cierto es que como esas he escuchado reflexiones, historias, visto acciones, en fin, hay muchas cosas que pasan dentro del camión y que a partir de hoy contaré cada domingo y cada miércoles. Espero me acompañes en este viaje, viaje al que he llamado: "Cuentos en el Camión".

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