Es imposible dejar de ver discusiones en todas partes: En la banca de junto, en la calle, en el trabajo, en todos lados, incluso hasta en el camión. Y es que una vez que venía por el boulevard 5 de mayo, desde el centro de convenciones hasta la parada que está frente a la Iglesia de San Francisco, no se podía pasar, el camión iba a vuelta de rueda. Casi puedo asegurarte que las personas que iban por la banqueta pasaban más rápido que lo que avanzaba el camión.
- ¡Vete a la chingada! - Le decía la chava a él. - ¡Déjame!
El cuate la intentaba abrazar pero ella no se dejaba. Estaban forcejeando. Era el espectáculo ideal en medio de la desesperación dentro de un camión lleno en plena tarde de verano.
Una señora, como de 60 años que iba sentada junto a mí me dijo:
- ¡Hay joven! Esto de que se pelean como perros y gatos es normal.
- Sí, es normal. - le decía - Es como ver las telenovelas de la televisión.
- Hay sí. Pero mire, nunca falta el héroe de la película. - Y la señora comenzó a carcajearse.
En eso, que se aparece un chavo que intentó forcejear entre la pareja para separarlos. La pareja estaba a punto de dar un espectáculo de lucha grecorromana, más el chavo "héroe" parecía lucha libre, hasta que la chava volteó y le dijo al entrometido: ¡Déjanos en paz! ¡No es tu problema!
La señora que iba sentada junto a mí, comenzó a reír más fuerte. Y me dijo:
- Vez mijo, ya lo defendió, esto se va a poner bueno. Bueno, si el tráfico sigue como está.
Seguimos viendo la pelea. Ella decía:
- Ya te dije que no quiero saber nada de ti.
El le contestaba:
- Perdóname mi amor, te juro...
- ¡Otra vez jurando! Ya van muchas veces y no cambias.
- Soy diferente, te juro que ella me obligó a...
- No digas estupideces. ¡Lárgate!
Así iban peleando. No decían mucho. Caminaban rápido, más que el camión a donde iba, pero de repente se detenían a discutir.
Al llegar a la parada en el crucero, la chava se subió al camión, y como era de esperarse, el cuate subió después de ella.
La señora que iba junto, tomó sus cosas y se bajó. Pero para colmo, la chava como pudo tomó su lugar. ¡Espectáculo en primera fila! Ella le dijo:
- Te dije que me dejes en paz.
A lo que el susodicho le respondió:
- No te vas a ir, ¡Nunca!
- ¡Vete a la chingada!
- ¡Cállate! No te das cuenta que todos nos están viendo.
- ¡Ha! Cómo te da vergüenza el que nos vean aquí toda la bola de chismosos y no te dio pena traer a esa perra hace rato. ¿Verdad?
La gente comenzó a rechiflar. La cosa estaba que ardía, y si se armaban los golpes, no tenía a dónde escapar.
- ¡Cállate! ¡Vamos! Déjame explicarte. - Él le decía a la desesperada chava.
- Ya es la tercera vez, ¡la tercera!
- Mi amor, es que...
- Tú me dijiste que no... ¡Que no...!
La chava comenzó a llorar. Estaba casi inconsolable. El cuate se quedó callado. La veía y sólo se tomaba la cara. Estaba molesto. Pegaba al tubo donde se sostenía para no caer en los arrancones del camión en repetidas ocasiones.
Así siguieron en gran parte del camino. Ella llorando y él, amenazando con la mirada a quien lo mirase. La verdad, es que tenía que bajarme en la cruz roja para pasar a traer a mi chaparrita que salía del trabajo, pero teniendo a dos personas obstruyendo el paso, y casi con el camión lleno, preferí esperar.
Así pasaron varios minutos. Pasamos por el Hospital de San José. Y en la siguiente parada algunos se bajaron. El novio se fue a sentar a un lugar un poco más adelante. Pero la veía de reojo. En eso, ella me tocó la pierna y me dijo:
- No te levantes por favor. Si te vas, él va a venir a sentarse junto a mí. ¡Por favor!
Me lo dijo en voz baja. Me lo repitió como en tres ocasiones.
Llegamos a la fuente de la China Poblana. El novio se acercó, y le dijo a la que era al parecer su novia o esposa. ¡No lo sé! Pero le dijo:
- Es la última vez que te lo voy a decir. Vamos a platicarlo. Si no, te va a llevar la chingada.
Ella no de decía nada. Yo me hice que veía la botarga de una farmacia que está en ese crucero. No supe qué pasó. Lo único que escuché fue que alguien tocó el timbre para pedir la parada. Y cuando lo vi por la ventana al novio violento, pude respirar y creo que muchos de los que íbamos en el camión, sobre todo ella, quien al darse cuenta que había bajado y el camión arrancó, se puso a llorar desconsaldamente.
Una cuadra más adelante, me dijo:
- ¡Gracias!
Lo único que pude contestar es:
- De nada.
Le pedí permiso y me pasé a un asiento más atrás. Algunos comentaban, otros simplemente esperaban a bajarse o eso parecía porque varios se levantaron para pedir parada. Un celular comenzó a sonar. Ella sacó algo de su bolsa. Parece que lo observó y lo guardó. El sonido aumentó y disminuyó. Creo que era suyo el celular y fue lo que observó la chava. Después comenzó a llorar.
Muchos nos comenzamos a ver y hacer señas preguntándonos qué estaba pasando. Nadie hacía nada.
Llegando a la siguiente parada sacó algo de su bolsa. Se lo puso al oído. Se paró, tocó el timbre y lo único que le escuché decir fue:
- Te veo en mi departamento en treinta minutos. Si no llegas, olvídate de mí.
Bajó y tomó el taxi que estaba esperando el semáforo junto al camión donde íbamos. Ya no supe qué pasó. Lo que sí sabía era que fui testigo de una puesta en escena, de esas como me dijo la señora: De telenovela.
También sabía que mi chaparrita me iba a matar, y ésta pelea sería real, conozco a mi chaparrita. Y es en serio, porque quedamos en que iría a traerla a su trabajo. Creo que ahora seremos los que haremos el espectáculo. Será el siguiente capítulo de la telenovela, actuaciones de la vida irreal, aunque con un golpecito de mi amorcito, segurito regreso al aquí y ahora en menos de lo que canta un gallo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por comentar. Espero regreses pronto.