Algo que hacemos cada vez menos, es escuchar. A veces es imposible encontrar que alguien nos escuche. Peor aun, que alguien lo haga en serio, porque hoy en día es más importante poner atención a todo y todos, que no logramos concentrarnos en una sola persona.
Muchos confunden el escuchar con el oír.
Puedo sentirme escuchado cuando me responden un mensaje, cuando contestan una llamada.
Puedo sentirme escuchado cuando me visitas y te sientes en casa y no como un extraño.
Me siento escuchado cuando me interrumpes y coinciden nuestras palabras, nuestros pensamientos.
Me siento escuchado con algo tan sencillo como un saludo, un beso, un abrazo llega sin pedirlo.
Escuchar no es estar al pendiente todo el tiempo para saber qué estoy haciendo, es llegar el momento en que coincidimos y me preguntas cómo estoy.
Escuchar no es que me regañes, sino que, a pesar de que sepas mis errores sepa que cuento contigo para solucionarlos aunque no hagas nada más que acompañarme,
Escuchar no es oír lo que quiero escuchar, sino hacerme saber que harías sin señalar mis errores.
Escuchar es quedar vulnerable cuando estoy vulnerable para saber que no somos tan diferentes.
Escuchar es un arte. Escuchar no es fácil. Escuchar es un proceso complejo. Escuchar es magia cuando uno se deja llevar.
Y cuando haya terminado la experiencia al decir adios, quisiera 5 minutos más para escucharte, frente al espejo.
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