Estoy notando que escribo con personalidad múltiple, es decir, que cambio de primera a segunda y tercera persona de forma arbitraria, como si fuera en un automóvil, moviendo la caja de velocidades inconscientemente con el peligro de morir en el intento. ¿Esto te pasa en una conversación cotidiana? ¿Podríamos hablar en primera persona todo el tiempo? ¿Es importante ser estructurado todo el tiempo en nuestro lenguaje?
Sería correcto si lo hiciera, pero no puedo. Es a veces inconsciente la forma en que hablo, y cómo no, si la forma en que me expreso hoy es resultado de más de 20 años de una mala educación y costumbres extrañas que con la presión social tendré que modificar, o eso espero, de lo contrario seguiré hablando de la misma manera. Pero ¿cómo influye la sociedad en mi forma de hablar? ¿Cómo es posible que personas que vivimos en los mismos lugares tenemos similitudes y diferencias muy marcadas al hablar?
Es impresionante notar el cambio de tono que uno tiene al hablar, sobre todo cuando eres de una región, vives en otro por un tiempo y regresas. Uno siente que habla igual que cuando partimos, pero lo cierto es que no. Otro ejemplo es cuando dejas de frecuentar a una persona, pasan los años, y pareciera no ser el mismo.
Algo así pasa cuando llegas a cambiar los objetivos de tu vida. A veces pareciera que vas por el camino que te trazaste, pero en un punto insospechado, algo cambió y ese detalle aparentemente desapercibido sobresale y ocasione ruido en las demás personas. ¿Lo has vivido? ¿Qué has hecho en estos casos? ¿Has tenido que regresar a las ideas anteriores para mantener lo que tenías cuando estabas en vía de un cambio?
Esto me está pasando en estas últimas semanas. Parece que comienza un nuevo proceso en el que los cambios comienzan a tener repercusiones a mi alrededor. No es que por lo que pienso o hago haya cambios fuera, no, pero sí la forma en que persibo las cosas. Esto comienza a tener, como en toda acción, reacciones positivas y negativas. Sin embargo, esto es parte esencial de la vida, esta vida en esta época que me tocó vivir. En ocasiones la misma vida te lleva a tomar caminos que resistías transitar, pero que son necesarios. A veces cuando uno quisiera que las cosas estuvieran igual siempre, no siempre puede ser así. La dinámica de la vida no lo permite, y si nos resistimos al cambio, sólo nos provocará daño.
Lo bueno de todo ello, es que no cambio sólo yo, sino las demás personas, y a veces es sorprendente ver, sentir, escuchar que el otro no es igual que ayer, y que eso puede hacer gran diferencia en cómo te comuniques con él o ella. Lo cierto es que pocas veces se cambia la esencia, esa que independientemente de nuestra fachada, estará allí. Esa que se conoce con los años, con los conflictos, con las alegrías.
La esencia no tiene caducidad.
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