Hoy que es día del maestro, tras un curso que siento pude haber invertido más tiempo y dedicación, he descubierto algo. Que nada es inventado, que todo existe y nada a la vez, y que eso que esperamos suceda para originar un cambio, está allí, afuera, pero la velocidad o pasividad dinámica de la vida que sostenemos, no nos deja, por lo menos, entre ver.
Cómo me da coraje, cuando escucho decir que ya no podemos aprender nada, por la razón o factor que sea. La más común, la edad. Esa cruz que debemos de cargar desde el momento en que nacemos, hasta el momento en que damos el último suspiro. La edad pareciera ser sinónimo de no aprender en cuanto ésta crece.
No estoy de acuerdo. Me parece que no es tan cierto eso porque aunque tengamos una dificultad, encontramos la manera de salir de ello, y con esas nuevas estructuras cognitivas, a lo que se le llama aprendizaje, aunque no lo queramos, nos servirá en el futuro para hacer algo mejor, o no cometer el mismo error.
El no aprender es un pretexto que nos permite mantener un punto de confort, de estabilidad, de seguridad que todos queremos. Pareciera que la estabilidad, la cotidianidad, eso que nos permite saber que el siguiente paso es seguro, en lugar de tranquilizarnos, nos angustia. ¿Si vamos a permanecer así, entonces por qué no aprender lo mismo por rumbos distintos con responsabilidad?
Responsabilidad es la clave de esto. El aprender depende de muchos factores. De un motivador y el interés.
No es posible creer que venimos a la vida para comernos todo lo habido y por haber como es la información de manera enciclopédica, ni tampoco a buscar el mapa de la felicidad. A lo que venimos al mundo es a intentar, intentar lo que otros muchos ven como algo inservible, aprender a enseñar.
@robertocoyomani
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