Cualquiera puede decir, que quien comienza una, y otra, y otra vez, es porque no sabe lo que quiere. ¿Por qué? Simplemente porque vuelve al mismo lugar donde parece nunca comenzó... desde el principio. No estoy muy de acuerdo.
El iniciar, es una nueva oportunidad para quien la quiere tomar. Sin embargo me nace una pregunta, que quizá no tenga mucha relevancia. ¿Debemos dar la oportunidad de iniciar de nuevo o nos debemos dar la oportunidad de iniciar de nuevo?
Esta pregunta me ha llegado porque dentro de nuestro grupo de amigos, familia, y cualquier otra interacción social que llegamos a construir, tiene un inicio, y un final, a veces sin que nos demos cuenta. ¿No me crees? Es tan normal como levantarse todos los días, y hacer aquellas acciones que hoy conocemos como hábitos, esos que se nos quedan en gran parte de nuestra vida, y que a veces ignoramos porque se vuelven tan cotidianos, repetitivos y tan rutinario, que no nos damos cuenta.
Algo así pasa con nuestras conductas hacia los otros. A veces nos acostumbramos a llevar una dinámica, que pareciera ser normal, y que para los ojos de las demás personas, puede resultar disfuncional porque no les es posible aceptar, por poner un ejemplo, que haya cierta libertad de tiempo, existan conflictos constantes dentro de un grupo, y los que lo conforman digan que así se llevan y es normal. Y podría enumerar más situaciones como las reconciliaciones, que para muchos es importante para mantener la estructura que culturalmente es bueno, para otros puede resulta ser sorprendente, y a veces intolerable aceptar, que existan relaciones sado/masoquistas o co-dependientes y aguantar tanto. Y a pesar de saberse que los días pueden resultar frustrantes, dolorosos, peligrosos; hay un convencimiento de que, a largo plazo, habrá una consecuencia positiva, porque nada es para siempre. ¿Esto no es una paradoja? ¿Si nada es para siempre, porqué se perpetua la relación con alguien que hace daño? Estas y más preguntas se podrían hacer, sin embargo aquí entra en juego otras cosas tan complejas y subjetivas como lo son los sentimientos e intereses.
Entonces es cuando decidimos, cada vez que se presenta la ocasión, "Hay que iniciar de nuevo". Pero como hacía la pregunta, al iniciar este texto ¿Damos al otro la oportunidad de iniciar de nuevo o nos damos la oportunidad de iniciar de nuevo? Es frecuente escuchar "Le dí otra y la última oportunidad" ¿De verdad tenemos el poder de hacer esto? ¿Qué poder tenemos sobre el otro para hacerlo? ¿Si tuviéramos ese poder, entonces tendríamos el mismo para cambiar esa conducta que provocó el conflicto? Entonces creo, a menos que quien lea esto alguna vez, y opine lo contrario; creo que nos damos la oportunidad, y si lo viéramos así, no le echaríamos la culpa al otro de las consecuencias negativas que resulten de esta decisión.
Bueno, así es como inicio este blog. No es el primero. Espero me sigan en este sitio donde de manera egocéntrica, escribiré lo que me llegue a la mente, diariamente, hasta que terminen las vaciones de la universidad y que para mí comienzan oficialmente hoy 11 de mayo.
Sígueme en twitter: @robertocoyomani donde escribo ideas que me servirán para escribir en este blog diariamente. Lo único que espero es, que no se vuelva un diario o bitácora de mi vida.
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