Tierra que me vio nacer, tierra que me escuchó vivir, tierra que me sintió caminar, tierra que olió mi presencia, tierra que me comerá al final de mi camino. La tierra está en mi vida, la tierra estará en mi muerte y en todos lados donde vaya, aunque la vida me lleve a otros lados como ese universo, donde ilusamente creemos que hay todo menos tierra.
Si la tierra está en todas partes, pareciera que la ignoro, como ignoro lo que tengo enfrente, quejándome después de no haberlo visto. Pero la tierra va más allá de aquello que vemos, todos los días estamos en contacto con ella aunque no estemos en contacto con ella.
La tierra está mucho más cerca de mí que el cielo, ese a donde aspiro, aunque mis hechos me lleven al mismo infierno, infierno que está formado de tierra fundida, tierra que despreciamos al punto de destruirla, destruirla sin saber que si muere, moriremos junto con ella.
La imaginación, esa que me ayuda a escribir lo que no existe aunque exista, me aleja de la tierra que da seguridad por su aparente estabilidad, cuando andamos de aquí para allá de manera ordenada por el universo, acompañando a un astro de donde salió nuestra madre tierra, el sol. Y el sol rodea una galaxia y esta va a través del universo, ese del que teorizamos cosas para darnos certidumbre y no caer en la locura de la soledad universal, a pesar de estar acompañados y resguardados por la madre tierra de la que nos queremos independizar, como un niño, que cree que la distancia lo hará.
La tierra me abrasa con sus brazos, desde el momento de darme vida hasta el momento en que muera, allí me acogerá como una madre a su hijo recién nacido, como a su hijo recién casado, como a su hijo que verá desde la eternidad.
La tierra la piso, como si fuera cualquier cosa, cuando esa aparente cualquier cosa, me da de comer, me da descanso, me da alimento, me da casa, me da cualquier cosa, me da todo lo que necesito y que ignoro por seguir aquellos ideales, esos que mueven al mundo, pero no a ella, la tierra que me vio nacer y probablemente me sentirá morir, es ella la que al final perdona, la que enseña, la que reta, la que me hace vivir, pero no la escucho por miedo a conocerla.
Podría escribir sobre la tierra y nunca terminaría. El resto sería sólo lo que creo ver, pero no lo que veo. Prefiero en este momento describirlo, aunque me quede corto en su detalles. Prefiero su riqueza, esa que no tiene nada que ver con el dinero, dinero que tomó valor por la misma tierra, por uno de sus metales al que le basamos su importancia, ignorando que eso sólo fue una creación, como tantas que hoy me permite ignorar más a pesar de ser menos ignorante de lo hecho como especie, alejándome de mis hermanos con quienes comparto vida y sobre todo de la madre tierra que me advierte y que está a punto de darme y me atrevería decir a darnos una nalgada, esa que dicen trauma, pero que hoy agradezco infinitamente. Quizá eso me hace falta, nos hace falta.
"Dicen que el ser humano aprende en todo momento, en cualquier lugar, es casi involuntario. Yo creo que si así fuera, seríamos parte de la naturaleza y no parte de nuestra naturaleza".
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