Hace un par de días, perdí a una persona muy importante para mí. El dolor fue fuerte, intenso, dolor por donde se le vea. Sin embargo me di cuenta de muchas cosas invisibles en mi vida: "No todos deben sentir lo que yo siento".
Así de ingenuo era hasta antes de pasar por un duelo que estoy enfrentando. Así de utópico era antes. ¿Realmente esperaba que los demás sintieran lo que sentía? ¿Qué esperaba realmente? ¿Por qué mi conducta de "victima" hasta cierto punto?
Nunca me ha gustado demostrar a los demás por lo que paso. Sin embargo de unas semanas hacia acá esto comenzaba a cambiar porque comencé a demostrar por lo que realmente estaba pasando y creo que fue mi mayor equivocación. Creo crucé la delgada linea entre el "aparentar" como resistencia y "demostrar" mi vulnerabilidad. Es decir, no logré mantener control del todo de mis emociones y también no quería regresar a ser aquella persona cerrada. Sin embargo durante estos últimos días puedo decir, supe lo que debí aprender hace muchos años: "No esperar nada de nadie, ni a nadie" y "Uno nunca sabrá quién te tenderá la mano como realmente lo necesitabas".
Lo de las expectativas era algo que sabía, sin embargo ignoré por no estar de acuerdo del todo cuando me sugirió mi terapeuta modificarlas, por no decir eliminarlas, aunque sería imposible porque cumplen una función. Sin embargo, las llevé al extremo hasta llegar a una frase perversa de "Querer que el otro quiera lo que quiero" traduciéndolo a las emociones: "Querer que el otro sienta lo que siento" cuando ello es más que imposible.
Aprendí que la vida continua y que "Si yo estoy triste, no necesariamente los demás deben estarlo". Además de no temer a mis emociones, al fin y al cabo, sin ellos, no sabría que sigo vivo.
"El ser asertivo no necesariamente debe ser algo bueno para otra persona, sino lo correcto para mí"
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