Desde el dos de agosto que no he escrito nada, nada más que ello no quiere decir que no lo haya hecho, sin embargo, el no escribir nada es sinónimo para mí de no haber hecho nada o así lo era hace unos días, sin embargo ya no es así. He hecho muchas cosas, entre ellas, he dejado de esperar para actuar y entre esas acciones he descubierto que puedo quedarme solo.
Uno de los grandes miedos que tengo es a la soledad, no puedo soportarla, aunque hace algunos meses decía todo lo contrario. Sí, decía que la soledad era para mí, pero ahora que es la que me acompaña porque ahora que ando más animado, no puedo estar con quienes quiero estar, no porque no quiera, sino porque ando haciendo cosas que antes no hacía, y lo he emprendido solo, todo por intentar moverme.
Esto me ha traído grandes problemas y uno de ellos es darme cuenta de que no puedo depender del otro para ser feliz, aunque ese otro quiera estar allí para hacerlo.
Puede sonar estúpido lo que digo, pero en verdad, la felicidad no depende del otro, siempre y cuando, claro, no le de el poder de hacerlo, de lo contrario esa persona será todo lo que pueda percibir, toda la referencia de mi realidad. Desgraciadamente para saberlo, tuve que vivirlo, como todo lo significativo en mi vida.
Hoy puedo decir y hacer y pensar muchas cosas, pero sólo me falta algo: Ponerme más metas y no esperar a que sucedan por casualidad, sino por causalidad. De lo contrario sólo me queda esperar y morir en la esperanza.
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