13 de marzo de 2018

Dependemos tanto

Hace unos días venía trabajando muy bien con Linux. Había encontrado ya los sistemas con los que trabajaría, desgraciadamente, cuando todo andaba de maravilla, me di cuenta que algo andaba mal, y eso explicaba muchas cosas que sucedieron antes y que echaba la culpa al sistema operativo, cuando en realidad era un problema físico, en este caso, el disco duro.

Eso me hizo pensar. ¿Qué tanto dependemos? ¿Cómo nos confiamos con lo superficial e ignoramos lo profundo?

Me gustaría utilizar el fallo del disco duro, como una analogía. Tengo meses sin hacer reflexiones sobre la vida con cosas de lo cotidiano. Así que tomaremos esto y reflexionemos.

A veces, cuando las cosas van bien, comenzamos a hacer otras con plena confianza de que todo lo hecho antes dará las bases necesarias para que, lo que pongamos encima, no se mueva, no se modifique, porque uno confía en los cimientos. Desgraciadamente, eso que tanto nos han dicho que ha funcionado en edificios, en construcciones monumentales, entre otros ejemplos que hemos leído o escuchado para comprender lo que tenemos que hacer con nuestra vida, me doy cuenta de nuevo, no funciona del todo, porque hay un pequeño detalle: Esas bases nunca se terminan de construir.

Dependemos de muchas cosas para ser lo que somos, y si destruimos algo, no podemos dejarlo a la deriva porque otras muchas dejarán de funcionar. Si en verdad queremos que algo deje de funcionar y al propósito destruimos algo del cimiento, tenemos que estas conscientes antes, de las consecuencias para que sepamos qué hacer para contener su destrucción inminente y rescatar o dejar ir lo que éste desastre haya ocasionado.

Es importante conocernos y saber que tenemos una especie de respaldo de aquello que es importante. Ahora que se descompuso un disco duro se que no hay mucho problema porque tengo lo importante en otro y lo que se perdió tenía respaldo o he tenido que aceptar que se perderá. A veces se tiene que hacer eso y muchos, me incluyo, no queremos dejar ir, no queremos tirar a sabiendas que eso puede hacernos daño si se queda.

Quizá para muchos este ejemplo no tenga sentido, pero si lo trasladamos a un gobierno, donde tuviera la función muy parecida a un disco duro, a veces sabemos que falla, pero por miedo a que se instale uno nuevo, tendríamos que comenzar, y la apatía, la ignorancia, la dependencia hoy llamada institución, parece que son intocables, pero no, claro, si lo vemos como un disco duro que tarde que temprano hay que cambiar para continuar.

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