Un día, una persona caminaba por un camino oscuro. De repente, nada. No sabía si iba por el camino correcto o no. No sabía si era el camino seguro o peligroso. Aun así caminaba. Caminó. Caminó.
De repente encontró una sombra. ¿Sombra? Sí una sombra. No hacía nada, no decía nada. ¡Era una sombra! Pero esta la acompañaba.
Más adelante esa sombra lo dejaba solo. De repente aparecía. De repente estaba allí y se movía a su antojo. De repente copiaba los movimientos de nuestro amigo.
Más adelante encontró una charco que se hacía más grande conforme caminaba por ese camino. Al punto que se mojó todo el cuerpo porque le llegaba hasta el cuello. La sombra desaparecía, aunque a veces se ponía sobre el agua.
Más adelante se veía fuego. Ese fuego impedía dejar pasar agua y la sombra. Impedía dejar cruzar a nuestro amigo. ¿Qué podría hacer para pasar? ¿Qué hacer?
Una voz que venía del otro lado, tras el fuego, le decía: "Camina". Pero la sombra se quedaba tras de él. El fuego parecía aumentar conforme daba pasos hacia atrás.
De repente la sombra, tomo una forma redonda, agarró agua y la lanzó hacia el fuego. Pero no se apagaba. Nuestro amigo tomó agua y lanzaba al fuego y no se apagaba. La voz a lo lejos le decía: "Camina". Pero nuestro amigo se quedaba inmóvil.
¿No apaga el agua el fuego? ¿Se supone que sí? ¿Por qué no se apaga? ¿Por qué no calla esa voz que insiste en que camine?
Nuestro amigo no caminaba, se quedó quieto, el fuego aumentaba.
Sin saberlo, tomo valor para dar un paso, pero al esperar tanto sus pies se habían hundido, en algo como lodo. De repente al dar un paso más ese lodo cayó en donde había fuego y se apagó. Al darse cuenta de eso, al caminar arrastraba los pies y levantaba el lodo con la suficiente fuerza para que cayera donde había fuego. Se dio cuenta de que el caminar era la solución y la voz a lo lejos le decía: "Sigue".
La sombra se quedó atrás, no le siguió, al parecer tenía miedo. Ahora él le decía a la sombra que caminara pero no lo hizo. Nuestro amigo tenía que tomar una decisión, si regresar por la sombra o seguir su camino.
La voz era cada vez más fuerte: "¡Sigue!" pero nuestro amigo no quería irse sin la sombra. ¿Qué hacer?.
Entonces pensó: "Esa sombra me quiso ayudar, tendría que ayudarla también, pero..." miró hacia todos lados y se dio cuenta de su propia sombra. Se preguntó: ¿De quién es esa sombra? Así que le preguntó a la sombra: Ve con tu dueño. Si quieres seguirme, cruza, si no, sigue el camino de quien te pertenece.
La sombra se fue. Y nuestro amigo siguió la voz: "¡Sigue!". Y salió a un campo donde pudo estar por fin a salvo.
Cuando llegó a un lugar seguro reflexionó lo siguiente: "A veces hay sombras que parecieran ser mi sombra, y están allí, apoyan, ayudan, pero no son mías. A veces son miedos, a veces experiencias del pasado, pero esa voz, esa voz..."
Mientras reflexionaba e intentaba indagar sobre la voz, escuchó decir en su cabeza, no a lo lejos, sino desde su mente: "Bienvenido a este lugar, fuera del pasado, fuera de lo que ya no está, de lo que creía que estaba: El miedo".
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