Segundo día en el que hay cosas qué escribir. De entrada desde la mañana ando ordenando muchos papeles, y sin querer ando ordenando muchas ideas, sobre todo al encontrar material que me hace recordar incluso clases en específico de la licenciatura.
Es interesante cómo una hoja, que probablemente es producto de la muerte de un árbol y miles de litros de agua para que en ese papel casi blanco. su contenido, haga recordar lo que sucedió en algunas partes de mi vida que no recordaba.
La neta, nunca he creído que el orden fuera un proceso en el que al repetirlo se crearan una especie de anclajes, mejor dicho, me de cuenta que hay cosas presentes que creí estaban en el pasado, sólo que muchas de esas cosas no quiero que estén en mi futuro.
El orden. Para los que queremos tener una especie de control, creo que soy uno de los que menos control tiene en el orden de mis cosas, sin embargo, de vez en cuando me gusta hacerlo porque me permite ir a lugares que me hacen incluso recordar que sentía algo, no lo siento, pero recuerdo que algo sentía a tal punto que digo o si hay alguien más le comento: "Recuerdo que en aquel entonces sentía como...".
El desorden siempre ha sido parte de mí, hasta de mis ideas. ¿Para qué? Para contrarrestar mi obsesiva linealidad de pensamiento que tengo en cada vez que me pongo a reflexionar. Aun así mis ideas son tan revueltas que a veces parece que digo mucho y nada. Suele pasar. Sin embargo, dentro de todo ese desorden, hay un orden extremo, no en lo que digo, sino en la intensión que quiero, quiero pasa en lo que me rodea, y a veces, sucedía, que esa intensión que quería era sobre otras personas, y digo otras porque a veces quería querer lo que quería, sin acción, sólo en intensión, esa que se construía a partir de lo lógico, de lo correcto, del orden.
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