La vida permite tener cosas que van más allá de lo palpable, por ejemplo, sueños, añoranzas, recuerdos, en global: Memorias. Memorias que nos permiten hacer eso que los científicos han intentado idear la manera material de hacerlo: Viajar en el tiempo.
Pensar que estamos en otro lugar, con otras personas, en situaciones distintas a las vividas en la cotidianidad, es algo que hago en todo momento y casi a cualquier hora, es como soñar con los ojos abiertos. Sin embargo el hacerlo conlleva muchos riesgos, riesgos que pueden provocar más problemas que beneficios, sobre todo cuando lo que se sueña, no concuerda con nada en la realidad en la que me muevo.
Desgraciadamente esto me pasa en grandes lapsos del tiempo, soñar con los ojos abiertos, soñar que todo es diferente, sin querer ver la manera de cómo, de qué hacer para que sea diferente.
Soñar no es el problema, el problema es soñar sin despertar a voluntad, es decir, despertar hasta que lo externo lo provoque, con un sentimiento igual o peor al de una pesadilla.
Desgraciadamente soñar despierto es algo que me permite sobrevivir, sin embargo, eso me hace replantear la manera de soñar despierto, hacerme responsable de ello, de lo contrario, simplemente despertaré en la nada, sin nada, por nada.
El soñar y despertar es separado por una delgada linea casi transparente: Darme cuenta en dónde estoy.

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