Estamos en una era del conocimiento muy importante, la más importante desde que el hombre tiene memoria, pero ¿Saber es crecer? Esta pregunta me resulta de tantas cosas que he visto y escuchado, y que me han hecho ruido al momento de ver que otros saben más cosas que yo.
Quizá sea envidia... es una de muchas interpretaciones, y quizá sí, por qué no decirlo. Sin embargo más que envidia, me pregunto ¿Qué necesito hacer para saber igual o más que aquellas personas? Llegué a una conclusión aparentemente fácil: simplemente no compararse.
Esta comparación que existe como punto de referencia, dentro de un mundo estadístico, es muy importante. No existiría de otra manera la forma de saber cuántos somos más pobres o ricos que los demás; quienes prefieren una tarea administrativa, social o exacta; en fin, todo aquello que se puede registrar, simbolizar con números y darles una interpretación. ¿Es necesario comparar?
Muchos mencionan que no es sano compararse con otras personas, porque es más frecuente que enfaticemos nuestros defectos que las virtudes que podamos tener. Por lo tanto te pregunto ¿Alguna vez te has comparado con otras personas? ¿Realmente sabemos lo que sabe, para saber que lo que sabemos es más o menos lo que sabe el otro?
Vivimos muchos años buscando ganarle al otro, importándonos un "comino" si lo hacemos a cuestas de los demás, lo importante es vencer, por supervivivencia, y saber, por consecuencia, si uno es más que el otro. ¿Es lo mismo saber conocimiento que saber información?
Estos conceptos son utilizados, en muchas ocasiones, como sinónimos, cuando en realidad son enteramente distintos. A veces el saber puede tener connotaciones diversas, dependiendo del objetivo que se tenga. Desgraciadamente lo utilizamos para ser competitivos y no para ser competentes, que no es lo mismo ni igual. ¿Cuál es la diferencia? La ética.
Crecer es otro elemento demasiado subjetivo, sobre todo cuando este concepto es visto siempre de manera lineal y de forma ascendente. Crecer hoy en día se mide a través del éxito, desgraciadamente, a través de la ganancia económica más allá de la ganancia significativa que puede producir el aprendizaje. Hoy aprendemos lo que la sociedad pide que sepamos, mas no lo que queremos aprender. ¿Qué pasaría si aprendiéramos lo que queremos?
Sabríamos aportar algo a la sociedad, más que la mano de obra. Tendríamos lo básico para después especializarnos, y no al revés, como lo quieren hacer nuevas escuelas, donde no se enseña la resolución de problemas a través de la creatividad, sino la utilización de una técnica preestablecida para resolver problemas específicos, sin que se motive o siembre la necesidad de resolverlo de otras muchas varias maneras. ¿Por qué sucede esto? Por la preocupación en el control de la producción, y no en la salud cognitiva de los trabajadores.
Hoy sabemos más que nunca, y ello no depende del saber, si no se complementa con el conocer, aquello que se gana con la experiencia, eso que se conocía como sabiduría y que hoy ha perdido valor por nuestra nula observación análoga de las cosas.
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